Autor Raúl Gallardo.
Texto extraído de Producción Musical Online de Graudio Institute
Cuando escuchamos música en un sistema estereofónico hay una diferencia entre la situación de las fuentes sonoras y el lugar de donde nos parece que proceden esos sonidos. Nuestro cerebro es capaz de interpretar las diferencias de tiempo y de intensidad entre el sonido que llega a cada uno de nuestros oídos para determinar la dirección de la que provienen. Además de esto, el cerebro procesa una gran cantidad de información contenida en el sonido que nos permite recrear la realidad a través de lo que oímos. Cuando realizamos una mezcla musical estamos aprovechando todas estas facultades de nuestro cerebro para reproducir una imagen sonora, que en el caso de la música será recreada o totalmente inventada.
Esta forma de percibir el sonido necesita de la intervención de nuestra consciencia, es decir, para recrear una imagen sonora tenemos que realizar una escucha activa, prestar atención a lo que estamos escuchando, de otra forma nuestro cerebro no es capaz de trazar una imagen. Cuando no prestamos atención a lo que estamos oyendo el cerebro no fabrica una imagen, pero nuestra percepción sigue funcionando ya que las ondas sonoras siguen llegando a nuestro cuerpo e inconscientemente estamos percibiendo el sonido. Nuestro oído está optimizado para captar las frecuencias medias donde se desarrolla el lenguaje, pero para las frecuencias más bajas y más altas se ayuda de otros medios de percepción, como es el tacto. Podemos decir que percibimos el sonido con todo el cuerpo.
Cuando realizamos una mezcla debemos tener en cuenta todos estos procesos sensoriales y aprender cómo los procesos técnicos que realizamos con el sonido afectan a nuestra percepción y, por lo tanto, a las sensaciones que el sonido nos genera.
Cómo nuestro cerebro es capaz de interpretar la música y cómo esta capacidad se desarrolla y es diferente de unas personas a otras, es, además de sorprendente, objeto de estudio por parte de la ciencia. Os recomendamos que veáis el documental “La ciencia de los sentidos: el oído” que explica los mecanismos de la percepción auditiva e indaga en nuestra relación con la música, conceptos estrechamente ligados a la mezcla musical.
Nuestra mezcla se va a desarrollar en el espacio entre los monitores de escucha, de manera que el primer paso para realizar una mezcla es colocar los diferentes instrumentos y sonidos dentro de este espacio. Para ello contamos con una serie de herramientas técnicas que nos permiten movernos en los tres ejes de este espacio: horizontal, vertical y profundidad.

Usamos el paneo para mover los diferentes elementos de la mezcla de izquierda a derecha controlando la cantidad de señal que es enviada a cada canal del estéreo.

No hay que olvidar que las diferencias de nivel no son el único mecanismo que usa nuestro cerebro para situar una fuente sino que, además, es capaz de detectar diferencias de tiempo entre el sonido que llega a un oído y otro, y así podemos hacer uso de lo que se conoce como Efecto Hass. Si mandamos la misma señal con el mismo nivel a los dos canales de el estéreo y aplicamos un retardo de hasta 50 ms a uno de ellos nuestro cerebro va a interpretar que la fuente sonora está desplazada hacia la posición del sonido que llega antes. A partir de 50 ms el cerebro va interpretar los dos sonidos de manera independiente percibiéndolo como un eco. El desplazamiento en la localización para un retardo determinado dependen del espectro frecuencial, la diámica y duración del sonido.
El efecto Hass no se suele utilizar para situar los elementos de la mezcla, pero hay que tenerlo en cuenta cuando se utilizan técnicas de fattening, que se explicaran más adelante, donde el uso de delays para aumentar el espacio que ocupa un sonido en mezcla puede provocar un desplazamiento de su imagen.
La sonoridad está estrechamente ligada a nuestra percepción de la profundidad, los sonidos cercanos suenan más fuerte que los que están lejos.

La herramienta principal para controlar la sonoridad de un elemento en la mezcla es el nivel, la cantidad de señal que mandamos al bus estéreo. Lo primero que hacemos cuando queremos traer un sonido al frente es subir el fader de nuestro mezclador.
Aparte de esto, tenemos otras herramientas para controlar la sonoridad. Los compresores/limitadores reducen la dinámica de los sonidos haciendo que su nivel sea más estable, lo que aumenta el promedio de energía que desarrolla el sonido aumentando así su sonoridad. Por otro lado nuestra atención se centra más en los sonidos cuando su nivel es estable que cuando éste varía mucho a lo largo del tiempo.
Realzar cualquier rango de frecuencias con la ecualización también hace que que el sonido esté más al frente por el simple hecho de que estamos aumentando su energía en ese rango de frecuencias, pero en función del sonido, hay rangos de frecuencias que consiguen aumentar más su presencia que otros.
La técnica de fattening, que consiste en añadir retardos menores de 30 ms, también consigue aumentar la presencia de un sonido, ya se suma la energía del sonido original con el retardado. Con retardos mayores de 30 ms nuestro cerebro empieza a escuchar dos sonidos diferenciados, de modo que vamos a perder un poco de presencia porque unos sonidos enmascaran a otros. Esto mismo pasa con efectos tipo chorus y flanger.
Podemos pensar que los efectos de reverberación son una herramienta más para controlar la profundidad de un sonido, pero no exactamente así. La reverberación en la realidad nos da información del entorno en el que se emplaza la fuente, más que de la distancia a la que se encuentra.
Es curioso como percibimos la posición en el eje vertical en función del tono del sonido. Los sonidos mas agudos los localizamos más arriba que los sonidos graves, aunque siempre es más correcto hablar de tono. Los platos y campanillas, las secciones de cuerda en pasajes con un tono alto nos parecerá que están más arriba en el espacio entre los altavoces el bombo, y el bajo.

Las frecuencias bajas son capaces de hacer vibrar el suelo y llegar a nuestros pies, además nuestra caja torácica actúa como caja de resonancia para las bajas frecuencias, mientras que por otro laso el cráneo lo hace para las altas frecuencias.
La forma más efectiva de modificar la altura de un instrumento es cambiando la afinación del instrumento, cambiando de octava la ejecución o usando un inversión de acordes. En cualquier caso queda claro que cambiando su tono de alguna forma. Con ecualización podemos aumentar la energía de un rago de frecuencias, pero el efecto sobre la localización en el eje vertical va a ser pequeña.
Los medidores de nuestros equipos no dejan de ser una referencia visual de la energía que tiene un sonido, pero no debemos dejarnos engañar por ellos. Nuestra principal referencia ha de ser siempre nuestro oído. Puede suceder que tengamos dos señales con el mismo nivel en los medidores y que al reproducirlas por los altavoces su sonoridad, nivel que percibimos, sea muy diferente. La percepción de la sonoridad depende mucho de la estructura armónica, frecuencial, del sonido.
El espacio entre los altavoces es finito, de manera que la situación de los instrumentos en este espacio se va a convertir se va a convertir en algo muy importante, bien porque haya una gran cantidad de los mismos y tengamos que buscar espacio para todos, o que para un estilo dado la colocación de los instrumentos este muy predeterminada. En definitiva, gran parte del tiempo de la mezcla se lo va llevar colocar los diferentes elementos en su sitio.
A la hora de distribuir los elementos de nuestra mezcla dentro de la imagen estéreo es importante conocer como percibimos el tamaño de estos sonidos, entendiendo por tamaño el espacio que estos van a ocupar en la mezcla y su capacidad para enmascarar otros sonidos.
Los sonidos graves ocupan más espacio que los agudos. Por este motivo suele haber pocos elementos graves en una mezcla, el bajo, el bombo, notas graves de órganos y pianos.
Dos sonidos se estorban, se enmascaran, más cuando sus rangos de frecuencia son muy parecidos. La voz y la guitarra eléctrica comparten muchas frecuencias fundamentales, de forma que es importante colocarlas de forma que no se estorben. En el lado contrario, están el bajo y un pasaje de cuerdas en una tesitura muy alta, difícilmente se vayan a molestar nunca.
Cuanto más fuerte este un sonido dentro de la mezcla más espacio va a ocupar, estará más en primer plano. Es similar a lo que pasa con nuestra visión, cuanto más cerca tenemos un objeto más grande nos parece y más nos entorpece la visión de los objetos que hay detrás.
Los efectos de reverb son la recreación más o menos fiel de lo que sucede en una habitación cuando el sonido de una fuente llega al oyente mezclado con los rebotes de las diferentes superficies de la sala. La reverberación nos traslada el sonido de un entorno al espacio entre los altavoces, y como no es más que la suma de muchos pequeños retardos el espacio que ocupa en la mezcla va a ser grande y va a producir mucho enmascaramiento.
Como ya hemos dicho, el control de la localización de los efectos de reverb, como de cualquier otro efecto, se realiza del mismo modo que cualquier otro elemento, con la particularidad de que al ser ,generalmente, un elemento estéreo, lo que vamos a controlar son sus límites: izquierdo y derecho con el paneo de los canales de salida y arriba y abajo con la frecuencia. En el caso de de la reverberación se puede comprobar que la percepción de arriba y abajo es mucho más sensible a la ecualización, si cortamos mucho en graves una reverb de una caja, a parte de ocupar menos espacio, vamos a percibir que es está localizada más arriba entre los altavoces.
Todos estos conceptos se aplican también a la hora de colocar los diferentes efectos en la mezcla (reverbs, delays, chorus, flangers, etc.), pues al final son un elemento más a añadir a la imagen estéreo.
Como ya hemos explicado, la técnica de fattening se usa para “engordar” un sonido con un delay menor de 30 ms. Si colocamos el sonido original en un altavoz y el retardado en otro conseguimos hacer que el sonido parezca omnipresente entre los altavoces, ocupa mucho espacio en la mezcla. Es una técnica sencilla que se usa frecuentemente para imitar una sensación estéreo a partir de un sonido monofónico.
Los elementos de la mezcla grabados usando técnicas estereofónicas van a ocupar mucho espacio. Un piano, grabado con dos micrófonos (unos en la zona más grave y otro para la más aguda, como se vio en la lección de técnicas estereofónicas) va a ocupar más espacio que grabado con técnicas monofónicas. Controlamos la localización del piano en la mezcla actuando sobre los canales de ambos micrófonos. Si paneamos ligeramente un canal a la izquierda y otro a la derecha obtendremos una imagen estéreo del piano estrecha. Con el paneo de cada canal controlamos los extremos de la imagen del piano.
Con las mismas señales del ejemplo anterior, “Sonoridad y nivel aparente”, vemos ahora un ejemplo de enmascaramiento en este video.
Antes de empezar a trabajar en una mezcla debemos tener claro a dónde queremos llegar, el “concepto de la mezcla”, sin perder de vista el material de partida del que disponemos, y aprender que es lo que tenemos que hacer para alcanzarlo.
Es muy conveniente escuchar distintos estilos musicales y empezar a identificar sus elementos diferenciadores (instrumentación, melodías, base rítmica, etc). También es muy importante fijarse atentamente en como está hecha la mezcla, prestando atención a todos los detalles de la canción y su relación con la misma. Es un buen ejercicio intentar ponerse en la piel de quién lo ha mezclado, y dentro de nuestras posibilidades, analizar las razones que le han llevado tomar unas decisiones y no otras, como la colocación y tamaño de los instrumentos en la imagen estéreo, la cantidad y tipo de reverb utilizada o la elección de los efectos y su relación con lo que intenta expresar el tema. A partir de estas observaciones podemos intentar entender porque nos gustan más unas mezclas que otras y aplicarlo a nuestras propias mezclas.